The Fry Chronicles

Porque no todos los días son como los miércoles.

The Fry Chronicles

Notapor Hijo de Chuck Norris » Mié Ene 18, 2017 4:09 pm

Stephen Fry sigue contándonos su (por momentos) tormentosa, pero siempre interesante vida. En esta segunda parte de sus memorias, descubriremos cómo entró en el mundo del espectáculo y envidiaremos que en otras latitudes exista un "mundo del espectáculo".


Debido a una sencilla (y compleja) entrevista televisiva, me vi atrapado por el comediante inglés Stephen Fry, tanto que devoré su primera autobiografía, Moab is my Washpot, que relata su dura infancia y adolescencia entre internados, expulsiones y delitos. La forma en la que narra los detalles menos importantes de su vida, al menos para un uruguayo que lo conoce poco y nada, me llevó a leer la segunda parte.

Como ocurre con otros títulos que he adquirido, quedó relegado durante años (casi cuatro, para ser más exacto) hasta que me topé con un fin de semana en el que no pensaba hacer otra cosa que leer. Debía dejar mi domicilio con un único libro dentro de la mochila y ahí estaba The Fry Chronicles, dispuesto a acompañarme mientras mis padres y mi hermana disfrutaban de la playa de uno de estos balnearios del este de nuestro país.

Entre sábado y domingo devoré casi todas las 440 páginas de este nuevo repaso por la vida del señor Fry, desde que cambió su imagen de delincuente juvenil y llegó a Cambridge, donde conocería a varias figuras que marcarían el rumbo de la comedia en Gran Bretaña. Incluyéndolo, por supuesto.

El cambio de escenario es un arma de doble filo para el lector: sí, la aparición de figuras como Emma Thompson o Hugh Laurie podría aumentar el interés, pero del total de nombres de conocidos o referentes del mundo del espectáculo, por estas latitudes sonará familiar apenas un 2%, en el mejor de los casos.

Dicho esto, Fry continúa siendo un excelente narrador, capaz de contagiarnos su entusiasmo y convencernos de que, en efecto, tal o cual programa de televisión era una maravilla y que su conductor era un verdadero genio y que haberlo conocido fue un momento maravilloso de su vida.

La sinceridad del autor bordea lo brutal y serán varias las ocasiones en las que pedirá disculpas antes de contarnos que sus problemas económicos se terminaban para siempre, o que adquiría una casa de campo. Fry repite que lo mejor en esta clase de textos es ser honesto, mientras trata de mantener al margen a su sentimiento de culpa para no espantarnos.

Con sus luces y sombras, es un relato esperanzador. Quizás lo desmoralizador sea comprender que la gran tradición de comedia británica tiene una palabra clave y es "tradición". Que los humoristas crecen a la sombra de otros y eso facilita su desarrollo. Que los medios de comunicación (con otro presupuesto, pero eso no es excusa) están en busca de nuevas formas de entretener a su audiencia y toman riesgos, riesgos imposibles de comprender en otras partes del mundo. Un mundo globalizado, lo que significa que podemos entrar en contacto con la obra de Fry y sus increíbles amigos.

Entre los temas que volarán frente al lector estará la autoestima, la sexualidad (y la falta de ella), el mundo del teatro y algunos abusos, como el de los dulces, tema con el que comienza esta parte de su historia. Un abuso bastante más jodido es introducido en el último párrafo, dejándonos a la espera de la tercera parte casi como yonquis literarios.

Hay pequeños grandes momentos salpicados durante el texto, como la descripción de Nueva York la primera vez que la vio, su fanatismo por la tecnología que compartía con Douglas Adams, la devoción por el talento de Thompson y la amistad con Laurie, a quien le dedica el libro (y cuya historia mediática todavía no terminó de escribirse en este volumen).

El éxito de la obra podría resumirlo en mis acciones al regresar del balneario y tener, por fin, una conexión a Internet decente. Ordené a través de un conocido sitio de venta online varias series británicas mencionadas por Fry, la mayoría de ellas protagonizadas por él. Tengo ganas de verlas, disfrutarlas, pero sobre todo aprender, mejorar y quizás algún día ser un pobre imitador (las compré porque me interesa acceder a ellas de forma legal, no sean piratas juzgones).

Por supuesto que también encargué la tercera parte de su autobiografía y espero que no pasen tres años y medio desde su llegada a la puerta de mi casa hasta que comience a leerla. Espero que sean tres minutos y medio. A lo sumo cuatro.

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